Hace unos días -y 80 años- de lo digital humano a las Humanidades Digitales en Cuba

A inicios de la semana pasada, mientras las temperaturas habaneras empezaban a hacernos dudar que aún estemos en el mes de mayo, los asistentes al primer curso sobre humanidades digitales impartido en Cuba por el Laboratorio en Innovación de Humanidades Digitales de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) vivimos una experiencia intelectual tan amplia como concentrada, que me ha hecho meditar sobre algo simple y complejo a la vez: somos humanos, somos digitales.

Gracias a la eficiente coordinación realizada con dicho Laboratorio por Maytée García (editora de Cubaliteraria, la editorial electrónica del Instituto Cubano del Libro), de la noche a la mañana aquellos autores, títulos e instituciones que habíamos ido descubriendo en los últimos tiempos acerca de este nuevo campo del conocimiento pasaron de estar on-line a tenerlos on-life.

De pronto no había que teclear una dirección electrónica para que se fuera cargando y abriendo lentamente cierta web hasta alcanzar leer su contenido… con solo levantar una mano, las profesoras detenían el hilo de su explicación a dúo para responder preguntas o dudas que nos iban surgiendo en tiempo real, realísimo! Teníamos delante el conocimiento y la experiencia acumulados durante años dedicados con rigor y profundidad a las humanidades digitales por Elena González-Blanco y Gimena del Río, directivas de las sociedades de H.D. en España y en Argentina, respectivamente.
Expertas en la materia y en el arte de impartirla, no sólo transmitieron el contenido previsto sobre edición académica digital, periodismo de datos, etc. -entre consejos que anoté cuidadosamente-, sino que nos sugirieron cómo empezar a aplicar esos elementos en las condiciones específicas de Cuba. Fue entonces cuando pensé decirles algo que finalmente no me pareció necesario, como ahora me es imposible dejar de mencionarlo: mi desarrollo personal y profesional ha estado influido en gran medida por los vínculos hispano cubanos -nieto de emigrantes de Asturias y Galicia a América, investigador a cargo del Archivo de la Palabra: Españoles en Cuba, Doctor por la Universidad de Alcalá- en medio de lo cual cobra un significado especial para mí, como para gran parte de la sociedad cubana, aquella oleada de intelectuales españoles que nos llegó tras el fatídico 1936, muchos de ellos invitados por Fernando Ortiz a través de la Institución Hispano-Cubana de Cultura hace unos ochenta años…

La repercusión de dicha oleada no ha hecho más que ampliarse con el paso del tiempo, por la participación que tuvieron en ella genuinos exponentes de múltiples campos del saber: literatura, historia, geografía, etc. protagonizados por la figura de Juan Ramón Jiménez, cuyas conferencias y publicaciones aún estudiamos y reimprimimos con igual deslumbramiento de quienes estrecharon sus manos y sintieron sus digitales pulsos en La Habana de 1937, de cuando data esta edición cubana de “Platero y yo” que tanto me dice todavía.

Ocho décadas después, tengo la certeza de haber asistido a un nuevo ejemplo de intercambio que trascenderá las instituciones españolas y cubanas que lo hicieron posible, aunque nunca llegaremos a agradecerles como merecen.

A.F.L

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